Comemos

mi viejo se pidió una torilla

hablamos de eso

de que rica la tortilla

de que si mejor las papas finas o gruesas

si fritas o no

En eso

como si nada

dice

“mi mamá hacía la tortilla de papas al horno

freía las papas cortadas en rodajitas finas

después enmatecaba la asadera

le espolvoreaba el pan rallado

y arriba ponía la mezcla del huevo y la papa

de ahí la metia al horno

Le salía riquísima”

Dice eso

todo de un tirón

y sonríe

se queda callado y sostiene la sonrisa

Sonrie como cuando habla

de cosas hermosas

de las cosas hermosas

que importan mucho

como ese domingo al mediodía

cuando estábamos en el patio

y me llamó desde el pasto

“vení” y me hizo con la mano,

para que fuera a ver

para que fuera a mirar el cielo

me dijo vení

y yo fui

y él señaló la chimenea

con la misma sonrisa

y dijo

mirá que lindo como sale el humo

¿lo ves?

sube bien derechito

mirá como se recorta

contra el cielo celeste

que hermoso que es

Me dijo que a veces

a la madrugada

cuando hace frio

sale al patio

antes de ir a trabajar

y se queda un ratito

mirando el humo

que se recorta blanco

contra el cielo oscuro

me dijo eso con la misma sonrisa

que ahora dice la receta

de la tortilla de mi abuela

Mi viejo el panadero

que me regala este poema

 

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Las que aman cocinar,
Las que cocinan para zafar,
Las que nunca una sopa te niegan,
Las con dos pavadas una comida despliegan
Las que hornean, las que asan
Las que hierven, las que amasan,
Las que prueban el tuco con pancito,
Mientras se toman un vinito,
Las que cocinan todos los días,
Las que aprendieron de sus tías,
Las que cortan chiquitos los ingredientes
Las que usan mil recipientes,
Las que hacen para que sobre
Las que cocinan para los pobres,
Las de sushi, las de ceviche,
Las que compran comida en cualquier boliche,
Las que prefieren amasar,
Las que cocinan para abrazar,
Las que cocinan vegetariano,
Las que preparan todo bien sano,
Las que te curan con un buen guiso,
Las que hacen tortas de tres pisos,
Las que siempre dan instrucciones,
Las que tomaron todas las lecciones,
Las que saben hacer asado,
Las que aman los enlatados,
Las que se encuentran en la cocina,
Las que curan la gripe con caldo de gallina
Las que usan ajo para todo,
Los que no lo soportan de ningún modo,
Las que freezan, las anti freezado
Las que comen recalentado
Las fanáticas de las semillas,
Las que de delivery tienen mil millas ,
Las que pelan cebollas con antiparras,
Las que aman las alcaparras,
Las que el repulgue saben hacer,
Las que simplemente aman comer,

Nosotras todas,

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Las que reclamaron para estudiar,

Las que lo hicieron para trabajar,

Las que un novel merecieron

Las que en la foto no salieron

Las que firman sus papers,

Las que no pudieron,
Las que en los libros de ciencia no aparecieron,

Las que cambiaron el mundo sin dejar rastro,

Las que su nombre pusieron a un astro,

Las que quisieron ser cirujanas,

Las que se quedaron con las ganas,

Las Fralklin las Grierson las Herschel las Passo

Las que nunca bajaron los brazos,

Las que allá lejos hicieron ciencia

Las que hoy abren puertas a conciencia,

Las que buscan en el infinito,

Las que miran en lo más chiquito,

Las que crean,

Las que creen,

Las de guardapolvo, las de pollera,

Las de zapatillas y remera

Las que encuentran un mundo en el microscopio,

Las que ven miles con sus telescopios,

Las de campo, las de auditorio,

Las de aula, las de laboratorio,

Las que miden, las que cuentan,

Las que calculan, las que inventan,

Las que buscan en la inmensidad,

Las que construyen su verdad,

Las que piden mejores salarios,

Las que reclaman por los horarios,

Las doctoras, las becarias, las estudiantes,

Las titulares,las adjuntas, las ayudantes,

Las que nos abrieron el camino,

Las que torcieron el destino.

Las mujeres que hacen ciencia,

con coraje y persistencia,

Nosotras todas.

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Que el día sea
un constante trajinar
de hojitas amarillas
que caen de los fresnos
un puro tintinear de vasos 
que llega de alguna parte
un olor de bolitas de paraíso
que se pudren en la vereda

Que el día sea
un caminito de hormigas
el rayo de sol que entra
por el agujerito de la persiana
que sea un tango en el silbido
del señor que barre la vereda
que sea ese chaleco de lana
que me tejió mi mamá

Que el día sea
el perfume del puchero con carne
la radio prendida del vecino
escuchando la carrera, dos casas más allá
que sea la caramelera de vidrio
llena arriba de la mesa,
que sea las manos de mi nono
entre las mías otra vez

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Tengo la certeza incierta
de la inquietud que calma
la desazón aparente
de estar acá
y sentirme viva 
y de paso
Segura en la permanente
impermanecia de las ideas
los sentires
y las cosas
Viva y por seguro
con alegria
muriendo.

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Yo tu él, nosotros vosotros y ellos,
 
Todos debemos ser entretenidos.
 
Acá estamos como sujetos de entretenimiento.
 
El señor dice el entretenimiento es un industria sin chimeneas. ¿Cómo es una industria sin chimeneas? ¿Viste que ahora a todo se le ponen los nombres que dicen lo contrario de lo que quieren decir? Parece que se llama Posverdad. ¿O ese también será otro de esos nombres que dicen lo contrario de lo que quierendecir?
 
Ajá…
 
La industria sin chimeneas que te entretiene a vos, a tu compañerx, a tu vecina, al carnicero y a mi viejo. Todos remil recontra entretenidos. Tanto que el aburrimiento es lujo.
 
El televisor suena de fondo en el living de una casa.
 
No se apaga. Porque entretiene.
 
¿De qué? ¿De la voz que no querés escuchar?
 
Te entretenés escuchando 4 veces en una hora como mataron a un pibe de un tiro en la espalda, y que una nenita de 4 años fue violada por el padrastro, a la séptima vez que lo escuchás, ya lo escuchas sin escuchar, a la décima te acostumbraste a escucharlo, ya no te hace nada en la panza, ni nudo, ni ganas de llorar ni nada. Te entretuviste.
 
El señor del taxi dice que tiene la radio siempre prendida porque me entretiene, mientras en vivo se escucha la voz del político del momento contando por décima vez la misma mentira. No la crees, pero no te indigna como la primera vez que la escuchaste. Te entretuviste.
 
 
Está la tele prendida en el bar porque juega Delpo, o juega River, o Boca, o la selección, o andá a saber. Ya no jugamos deportes, ¿para qué? mejor los miramos por televisión en los veinte canales en los que todo el día señores que se pelean y ponen caras de serios hablan de fútbol como si fuera una cosa tan pero tan pero tan seria que se nos fuera la vida con Sampaoli o el otro, o no se quien o Higuaín. Pero de los nenes violados no hablan. Nadie les pregunta. Estamos todos entretenidos.
 
Es entretenido. Los deportes son entretenimiento dice un señor en la tele. Claro, cierto, la industria sin chimeneas, ahora me acuerdo, ¿será por eso ya que de jugar no ha quedado nada?
 
Ahí está el chico que juega al tenis en la tele. “Hoy juega Delpo”, escucho tres veces en una mañana. Todos estamos al tanto de esas novedades, vamos a lo que importa. Eso es estar entretenido.
 
Un chico que gana miles y miles de dólares por jugar, porque lo pasa la tele para entretenerte. Y mientras te entretiene te aliena en una conversación sin sentido sobre el saque y el drop, o la doble falta, y de paso te vende las zapatillas de Adidas o de Nike o de Topper o de quien sea.
 
Y un reloj, seguro que vende un reloj , el tenis siempre vende relojes caros y niños como guardianes de toallas y pelotitas a veces mujeres como sostenedoras de sombrillas porque parece que no hemos sido capaces de inventar aun una sombrilla que no necesite a una mujer para ser sostenida, un toallero para sostener las toallas, un pelotero para las pelotitas. Es que hemos estado muy ocupados siendo entretenidos.
 
Me quiero aburrir.
 
Apagá todo. Aburrite.
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Te vi antes de mirarte, antes de detenerme, te vi , estabas al costado, en el cantero, con tus compañeros, manipulando las cosas . Cuando pare, ya estabas adelante mio, sobre la cebra y yo del otro lado del vidrio. Te mire, tenías la piel oscurecida por el sol, el pelo recién cortado, una parte rapada, un flequillo largo, canchero, aritos en las orejas un piercing en la nariz. Te subias a los hombros de tu compañero para empezar a tirar las pelotitas para arriba, en ese ritmo indispensable para que mientras unas están en el aire puedas agarrar con tus manos chiquitas las otras. Estabas concentrado en la tarea, mirando el constante y rítimico circular de esas pelotitas de arena o de vaya a saber que , pero igual sonreías mientras las seguías con la mirada. Tu compañero te tiraba más pelotas, como en un juego en el que la dificultad crecia, al mismo tiempo que el de abajo ye decía algo que yo no llegaba a escuchar porque el ruido de la ciudad se devora casi siempre las voces que necesitamos escuchar. No se lo que te decía, pero era algo que te hacía sonreir todvía más.

El número duró menos de un minute, te bajasta rápido y viniste directo hacia adonde estaba yo, te acercaste rápido, con precision, con la precision y la automaticidad de esa acción mil veces repetida Yo tenía la ventanilla baja porque te esperaba con la plata preparada, jamás se niega el pago por un trabajo tan bien realizado.

Te acecaste así, rápido a la ventanilla, y me miraste a los ojos, con la brutalidad instintiva y natural con la que solo un niño salvaje puede mirar a los ojos para encontrarse con la mirada de una niña salvaje. Fue eso, fue un instante de sentido, de amor y de furia, algo indescriptibe que atravsó y senti algo que no voy a olvidar nunca, sentí la vida incommensurable que latía en vos, el hambre de vida, la vida como un juego y al mismo tiempo, el dolor de estar vivo. Sentí eso todo junto, tu libertad, la sensación de jugar libre en la calle, ocupar ese espacio riesgoso y tan vital, sentñi tu alegría de e hacerte el grande, de sentirte grande pidiendo plata entre los autos por un trabajo que es un juego, y el dolor de ser un niño, hacienda malabares en la calle, para ganarte unos pesos para comer, para llevar a la casa, para comrparte las cosas que a otros niños les comprarán sus padres sin necesidad de hacer malabares sobre los hombros de un compañero un sábado a la mañana en la avenida más ancha de la ciudad. El dolor y la rabia de saber que es injusto, que ¿por qué? Que si vos no hiciste nada. Y la furia de esa vida, de la potencia creadora, del coraje que te impulsa a subirte a esos hombros ese sábado a la mañana para ganarte unos pesos y tirar las pelotitas para arriba y jugar, también jugar y reír, al mismo tiempo, tan fuerte, tan libre, todo eso en tu mirada. Una mirada de cien en uno.

Te estiré la mano y te sonreí y vos a mi, y hubo un momento que duró  mi vida entera en el que nos quedamos mirándonos, como si nos reconociéramos, como si nos encontráramos otra vez y yo sentí como algo cedía en mi, cómo se rompían todas las barreras, como se abría, eso que contiene lo que duele, eso que  contiene el amor y el dolor, eso que nos separa de los otros, el borde. Te sentí entero, te sentí chiquito, dando todas las batallas que yo no voy a dar en mi vida. Te sentí. Fue como ser vos por un segundo y sentir el dolor y el amor, las ganas de vivir, la necesidad de volar, el peligro enorme de morir.

Al instante ya estabas otra vez, caminando entre los autos, pidiendo las monedas con el gesto del índice y el pulgar, enorme  tus diez o doce años en ese cuerpo chiquito, si tuvieras cien.

El semáforo se puso verde, te seguí con la mirada mientras caminabas canchero entre los autos hacia el cantero y  en eso  te diste vuelta y me miraste otra vez, y me sonreiste de nuevo y me hiciste la seña del pulgar hacia arriba y yo te la devolvi mientras las lágrimas como un mar,  me rodaban por la cara.

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Las que se enyoguizan,

Las que aprenden del cuerpo,

Las que saben que el cuerpo es GPS de lo que sí y lo que no singular, propio y profundo.

Las que entienden que el saber está en el cuerpo.

Las que encuentran ahí el espacio de lo sagrado, del placer y la calma que nos permite sostener la vida…

Ellas también. Todas nosotras.

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Camino a mi casa y es de noche, no es tarde, pero ya es de noche, es la hora en que la gente empieza a irse a dormir. Ya voy por la cuadra de mi casa, me gusta caminar a esta ahora en el verano, la avenida está tranquila, sopla el viento apenas fresquito que me mueve la ropa suelta.

Mientras pienso en esto, me llaman la atención unas bolsas al lado del contenedor de basura  a la altura de la juguetería. Hay cantidad de bolsas abiertas y de las bolsas salen libritos, son libros para chicos. Me pongo a mirar, algunos están desarmados otros están bastante bien, revuelvo un poquito, no puedo evitarlo, son libros, me parte el corazón cuando se tiran los libros, andá a saber porqué. Siempre pienso que seguro alguien podría aprovecharlos, que los libros han hecho tanto por mi.

Muchos libritos tienen las páginas deformes parecen haberse mojado alguna vez, otros están rotos. Pienso que seguro en un ratito desaparecen, que por lo menos a los pibes que cartonean les van a venir bien, que es mucho papel, que que raro que todavía no los llevaron, porque son tantos los pibes y pibas  que empujan carros a toda hora revolviendo los tachos, buscando algo para comer, algo para vender y pensando en ellos  recorro los pocos pasos que me separan de la puerta del edificio. Mientras preparo las llaves, veo algo raro, me freno, me parece ver algo o alguien en la puerta de al lado. No me asusto, no se si porque no entiendo de que se trata o porque entiendo de que se trata. Es una entrada rara, chiquita y oscura, y me parece que hay alguien ahí. No me asusto, no, no tengo miedo, miro, puede ser alguien durmiendo acurrucado en el umbral de la puerta o quizás borracho pienso, o las dos cosas. ¿Por qué no? Hay tanta gente viviendo en la calle, y ¿De que otra manera se sostiene la vida en la calle?

Pero no, no es alguien que duerme ni alguien borracho, no. Es alguien que lee.  Pienso que raro que alguien esté leyendo ahí que está tan oscuro, me pregunto porque no lee en la parada del bondi o abajo de la luz de la entrada del edificio. Me doy cuenta al instante o intuyo el motivo después. La personas que viven en la calle no ocupan los espacios, se hacen chiquitas, se empequeñecen con la mirada que no mira o reprueba la presencia de esos cuerpos viviendo en ese lugar de paso.

Está leyendo en el umbralcito de la entrada de al lado y porque es alguien que lee puedo mirar bien, tengo tiempo de mirar porque ese que lee está absorto, perdido entre las letras capturado por el mundo de las palabras que siguen una atrás de la otra. Ausente. Lo dice su cuerpo, lo dicen sus ojos clavados en ese texto que a duras penas se ve. Ese gesto, el del libro pegado a sus ojos, es lo que enrarece la sombra. Eso y sus piernas cruzadas, flacas, largas.

Puedo mirarlo porque no se da cuenta de que estoy ahí, porque él tampoco está ahí.

Y en esos segundos en los que me demoro en abrir la puerta lo miro un instante más. Es un pibe, pienso. Un pibe de treinta o andá a saber, quizás tenga menos, está oscuro. Es un pibe, pienso. Es un pibe que cartonea, el carro está en la calle. Es un pibe que está sentado en el umbral de la puerta de al lado, con las piernas cruzadas. Es un pibe que absorto lee, y tan absorto que yo sigo demorando la entrada y tardo en poner la llave, porque quiero ver que lee. Es un libro para chicos, un libro de esos de la bolsa de basura de la juguetería, y al lado de sus piernas cruzadas  hay un par de libros más. Es un pibe que lee como lee cualquiera que ama leer, con cuerpo y alma.

Me siento tentada a hablarle, a preguntarle que lee, que le gusta leer, ¿pero quien carajos soy yo para romper esa magia? La magia de un alto en la recogida de cartones, en una noche que es larga. La magia de encontrarte unos libros entre las sobras de los otros, entre el descarte de la vida llena de cosas inservibles de los que viven trabajando para comprar lo que no necesitan para ser felices, de los que ya están durmiendo sin poder dormir, porque mañana suena el despertador y hay que ir a la escuela para ser alguien , y hay que ir a trabajar para ser nadie, mientras el pibe que está entregado a la magia de un cuento, va a caminar toda la noche empujando un carro que pesa el doble que él.

Y mientras abro la puerta sigo pensando en que quiero que me cuente lo que lee, y lo que le gusta leer, y me dan ganas de subir a buscar mis libros y bajárselos todos y que los lea y que se salve leyendo como me salvé yo y que su mundo cambie y que todo el mundo cambie, y que no haya más pibes revolviendo la basura para comer, revolviendo la basura para leer.

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26910188_10215050742320022_6495202519736176044_oLas que responden a la llamada,
Las que llaman,
Las que baten el parche,
Las que marcan el pulso,
Las que lo sostienen,
Las que improvisan,
Las que se dejan llevar,
Las que tocando reconocieron su latido,
Las que laten ahí,
Las que vibran ,
Las que crean el ritmo,
Las que lo escuchan,
Las que lo danzan
Las que se sienten convocadas cuando suenan tambores,
Las que al escuchar recuerdan lo que no saben,
Las que los tocan en círculos
Las que los tocan en filas
Las que mientras tocan avanzan,
Las que tocan puertas adentro,
Las que tocan en las calles,
Las que los miran con respeto,
Las que se acercan,
Las que se conmueven escuchándolos,
Las que resuenan con el pulso,
Las que son parche,
Las que sueñan con tambores,
Las que sienten convocadas,
Las que se suman con las palmas,
Las que no dejan de moverse,
Las que bailan con las manos,
Las que se despiertan escuchándolos,
Las que se despiertan recordándolos,
Las que los recordamos,
Todas nosotras, las llamadas

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